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La gente tiene la idea de que cuando se tiene un negocio propio, uno pasa a ser independiente, su propio jefe pero un mejor enfoque es que tu nuevo jefe es el cliente, pues es el quien pone las exigencias al producto y finalmente quien decidirá si tienes tu paga o no.
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Los clientes quieren que añadas valor a sus vidas por medio de tu producto.
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En un trabajo habitual, se tengan utilidades o no, a los empleados les suelen dar su salario y eso es porque aunque en una gran empresa, son solo un pequeño engrane de la máquina que satisface al cliente.
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Puede que el producto al que colaboran a generar o vender sea irreemplazable en la mente del consumidor pero ellos no son indispensables en su papel de empleados.
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En eso se resume uno de los principales problemas de la mayoría:
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Impactan muy pocas vidas y aunque en su trabajo sean parte de algo más grande, son fácilmente reemplazables.
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De las pocas vidas en las que influyen, no todas son en manera positiva y de las 7 u 8 vidas que si hacen mejores, no cobran e incluso en ocasiones, esa mayoría prefiere ir a su empleo de bajo impacto, descuidando las vidas que si enriquecía.

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La invitación entonces es primero evaluar si tienes influencia en muchas vidas, pregúntate para quienes no eres indispensable y si el impacto que tienes en sus vidas es positivo. Después de ello, el objetivo será  lograr llegar a tantas personas como te sea posible para poder hacer mejores sus vidas haciendo lo que amas. (TIP: ocupa el Internet)
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Si decides seguir impactando a un número reducido de gente, seguirás teniendo ingresos normales pero si puedes ayudar a una persona y te da un dólar por ello y encuentras la manera de dar la misma ayuda a un millón de personas, será entonces cuando habrás encontrado la forma de aportar tu genio a la sociedad y ser retribuido por ello.